Pasaporte caducado
de Bruja Maldada
Se había quedado sola cerca del ventanal, sin teléfono, esperando a que vinieran a recogerla. «La tía no tardará en llegar», le habían dicho sus padres. Cuando los vio alejarse, ya tenía el nudo en la barriga, y nerviosa como estaba, intentó pronunciar una palabra para detenerlos, pero no pudo. El bullicio la aturdía. Las puertas automáticas se abrían continuamente y decenas de personas entraban a la terminal con el modo vacaciones activado. Algunos atendían a las pantallas donde se anunciaba el horario de su vuelo, los que iban en grupo reían ilusionados, otros caminaban deprisa hacia los mostradores y los más sentimentales alargaban las despedidas.
Una señora se acercó al ventanal. Tenía los ojos mojados y buscaba en el bolso el dichoso teléfono, que no paraba de sonar.
—Hola Cata… Sí, mujer, ya se ha ido… Él estaba contento, yo no tanto… Sí, sí, lo sé, no lo puedo evitar, soy su madre… Lo peor es que ahora se me vuelve a quedar la casa vacía.
La niña comenzó a llorar.
—Cata, espera un momento —se retiró el teléfono de la oreja y se dirigió a la niña—. ¿Te encuentras bien, bonita?
La pequeña intentó responder, pero el sofocón no la dejaba.
—Tranquila, preciosa, tranquila. Dime, ¿te has perdido?
Ella movió la cabeza de un lado a otro.
—¿Te han hecho algo malo?
La niña volvió a negar.
La voz que salía del teléfono requería atención.
—Cata, espera un momento que tengo aquí a una niña que no para de llorar —y se giró hacia la pequeña—. ¿Cómo te llamas?
—Elena.
—Muy bien, yo me llamo Angelines. ¿Cuántos años tienes, preciosa?
—Diez.
—¿Estás sola?
Elena asintió.
—¿Y tus papás?
—Se han ido de vacaciones.
La niña agachó la cabeza.
—Pero… ¿Y tú? ¿Qué haces aquí entonces?
—No me han dejado viajar.
Angelines volvió atender al teléfono.
—A mis años y aún me sorprendo... ¿Que qué pasa? Pues que una criatura de diez años está sola en el aeropuerto porque sus padres se han ido de vacaciones y la han dejado aquí… Como te lo cuento. Ver para creer. Te dejo, voy a ver si busco a la policía. Luego hablamos… Adiós, adiós.
—No quiero ir a la policía.
Angelines sacó un paquete de pañuelos del bolso y le dio uno a la niña.
—Límpiate, cariño, y no llores, que todo se va a solucionar. De momento, vamos a ir a comprar una botella de agua.
Elena se bebió casi todo el contenido.
—¿Estás mejor?
La niña se encogió de hombros.
—A ver, princesa, dime ¿cómo es eso de que tus padres se han marchado sin ti? Me resulta un poco extraño.
—Mi pasaporte estaba caducado y la señora del mostrador dijo que así no podía viajar.
—¿Pero es que tu madre no lo había revisado antes de venir?
La pequeña no contestó.
—¿Y por qué no fuisteis a la policía? Te hubieran hecho uno de emergencia.
—No lo sé.
Sin que Elena se diese cuenta habían llegado a la comisaría del aeropuerto. Angelines denunció la situación mientras la pequeña se sentaba en una silla a esperar.
Estaba terminando de fregar los platos del desayuno cuando su hermana la llamó. No le hizo ninguna gracia acceder al favor que le pedía, pero, al fin y al cabo, Elena era su sobrina. El verdadero problema lo tendría por la noche, cuando Fernando llegara y viera otro crío en casa.
Advirtió a su hijo para que no se moviera del sofá ni abriera la puerta a nadie. Ella tenía que ir a por la prima Elena. El pequeño se sentó en el sofá y centró su atención en la película que estaba viendo.
A mitad de camino, su hermana la llamó de nuevo.
—¿Cómo vas?
—El navegador dice que me quedan treinta minutos.
—Por Dios, ¿no puedes ir más deprisa?
—¿Y qué hago con los coches que tengo delante?
—Elena se ha quedado sola en la terminal. La hemos dejado en un ventanal que hay cerca de los mostradores.
—De acuerdo, tranquila.
—No, no voy a estar tranquila hasta que llegues. Nosotros embarcamos en media hora.
—Voy lo más rápido que puedo.
—¿Y los niños?
—Pues solos en casa, ¿con quién los iba a dejar?
—Pero ¿por qué no te los has llevado contigo?
—¿Tú sabes el calor que hace? Además, Sara se había quedado dormida en el parquecito.
—Ay por Dios, ¿cómo has dejado a un niño solo con una bebé? ¿Y Fernando?
—Se fue de viaje el lunes, pero vuelve esta noche.
—Por favor, escríbeme cuando estés con Elena.
Cortó la llamada. Había recibido un mensaje notificándole otra llamada de su marido. Al levantar la vista del teléfono, dio un volantazo para no chocar con el coche que tenía delante y el camión que venía por el carril derecho la arrastró sin poder evitarlo.
Elena se puso de pie al ver que sus padres venían acompañados de dos policías. Su madre no la miró. Su padre, en cambio, se dirigió a ella enfadado.
—Elena, ¿se puede saber qué has hecho?
Antes de que la niña pudiese contestar, los metieron a cada uno en una sala para interrogarlos.
La madre, erguida y desafiante, pidió un vaso de agua. El policía le entregó uno desechable lleno, después se sentó delante del ordenador y esperó a que estuviera lista para empezar con el interrogatorio.
—Por favor, dígame su nombre y apellidos.
—Mercedes Gutiérrez Cabreja.
—¿Número de DNI?
—05375369T
—Explique brevemente por qué su hija se encontraba sola en el aeropuerto.
—No estaba sola, mi hermana venía de camino.
—La testigo que ha presentado la denuncia declara que la niña estaba sola y muy angustiada.
—Era solo un momento. Lo que su tía tardara en llegar.
—Exactamente, ¿en qué zona dejó a su hija?
—En el ventanal que hay cerca de los mostradores de facturación.
—¿A qué hora sucedió el hecho?
—Sobre las nueve o nueve y cuarto.
—¿Cuál fue el motivo que la llevó a proceder así?
—Su pasaporte estaba caducado. ¡No teníamos otra opción, íbamos a perder todo el dinero! ¿Qué hubiera hecho usted?
—¿Le explicó a su hija lo que suponía tener el documento caducado?
—Claro que se lo explicamos. Su padre y yo. Y estuvo conforme.
—¿A qué familiar llamó para que viniera a recogerla?
—A mi hermana.
—¿La puso al corriente de la situación?
—Sí.
—¿Considera que su hija se hallaba en situación de abandono?
Mercedes guardó silencio.
—¿Conoce las consecuencias legales del abandono de menores?
—¡Yo no he abandonado a mi hija! Ya se lo he dicho. No podíamos tirar todo el dinero a la basura así como así.
—El juez de guardia determinará qué hacer con el caso. Si decide que hubo abandono por parte de los padres pueden enfrentarse a penas de prisión, multas o incluso inhabilitación para ejercer la patria potestad.
—¿Está usted loco? ¡Elena es nuestra hija! ¡Por amor de Dios! ¡Somos unos buenos padres!
El policía imprimió el atestado.
—Por favor léalo despacio, confirme que los datos son correctos y si está de acuerdo con su testimonio, firme el documento.
—No voy a firmar nada.
—Permanecerán detenidos mientras el juez decide cómo proceder con el caso.
¿Cuándo va a terminar todo esto? ¿Por qué mamá está tan enfadada conmigo? No me ha mirado. ¿Por qué da voces? ¿Y papá? ¿Por qué los han separado? ¿Ya no se van a ir de vacaciones? ¿Por qué tardamos tanto en irnos? ¿Por qué no salen de esa habitación? ¿Y la tía? ¿No decía mamá que iba a venir? Lo único que quiero es volver a casa. Estoy cansada y me escuecen los ojos. Al final la señora se ha marchado sin despedirse. Supongo que no querrá meterse en más problemas. Tengo sed, pero no me atrevo a pedir nada. Da igual, me conformo con llegar a casa cuanto antes y que papá y mamá no estén enfadados conmigo, ponerme las chancletas y bajar a por un helado de fresa al quiosco de enfrente, sentarme en el sofá y ver la tele mientras me lo como. Me gusta que Laura venga a por mí, bajarnos a la piscina y bañarnos un rato antes de comer. No pretendía arruinarles las vacaciones a mamá y papá. La señora me preguntó y yo le respondí, pero sin querer armar todo este lío ni estropearles el verano. Me daba pánico estar sola y no me apetecía ir a casa de la tía. No es mala, sé que me quiere y además están los primos, pero siempre hay voces, gritos y discusiones entre la tía y el tío Fernando. Seguro que mamá y papá dejan de hablarme por el resto de mi vida. Es el disgusto más grande que les he causado y aunque les pida perdón muchas veces, seguro que no me van a perdonar. La próxima vez, prometo aguantarme y no hablar con extraños por mucho que me pregunten. ¿Qué hago cuando salgan? ¿Me levanto y les doy un abrazo? Mejor me quedo donde estoy. Y esa mujer policía, ¿por qué me sonríe? Ojalá pronto se solucione todo. ¡Ahí están! ¡Por fin! ¿Por qué pasan de largo? ¿A dónde se los llevan? Por favor, quiero irme a casa.




¡Hostia! Iba pensando mientras leía... ¡No puede ser! Y lo malo es que sí, que podría ser.
Y la tía? Está bien?
Ay, mira que haces sufrir.
👏👏