Mi segundo hogar
Es extraño verme aquí de nuevo, escribiendo frente a la ventana del estudio. Hace tan solo un momento, estaba tumbada junto a mi madre, en su cama, leyendo El camino de Miguel Delibes mientras ella hacía sus oraciones de la mañana.
Nunca quise venir a Argentina. Mis raíces, mis recuerdos, mi infancia, mi familia pertenecen a España. Sin embargo, después de cinco años, no he querido marcharme de Buenos Aires.
Estas cosas suelen pasar, sobre todo si te dejas guiar de los prejuicios, que juegan un papel importante en nuestra vida. Nos provocan ideas equivocadas, nos nublan el juicio y nos enredan en una maraña de creencias absurdas que nada tienen que ver con la realidad. Menos mal que Dios hizo de las suyas y puso patas arriba mis planes. Le estoy muy agradecida por ello. Movió sus hilos invisibles para que me dejara de tonterías, me olvidara de las mentiras que cuentan por ahí y disfrutara de esta ciudad que, a día de hoy, se ha convertido en mi segundo hogar.
He aprendido que la vida se saborea mejor cuando le pierdes el miedo, cuando vives las cosas sin más, cuando no pones tantas expectativas y confías en que podrás superar las pruebas que se vayan presentando en el camino. Hace unos años te hubieras encontrado a una Elisa totalmente distinta, en casi todos los aspectos. Por eso me alegra tanto que mis planes no hayan salido como yo quería. Ni siquiera una mínima parte.
Unos lo llaman suerte. Otros, destino.
Considerar a Argentina como mi segundo hogar puede ser algo contradictorio, teniendo en cuenta que Martín falleció aquí. Sí, lo comprendo. Es normal que muchas personas razonen así, que se desconcierten ante este tipo de acontecimientos, sobre todo cuando además se me ve reír y hacer una vida normal. Algunos aún se preguntan cómo puedo seguir como si nada. «¿No es duro vivir en el lugar donde sucedió la tragedia?».
No lo es, porque el amor lo puede todo.
¿Cómo iba a marcharme después de lo que Martín me había preparado con tanto amor? Además, él simplemente se había “mudado” al cielo, no es que hubiese dejado de ser su madre o hubiese desaparecido de mi corazón y de mis recuerdos. Él vive allí muy feliz mientras que tú y yo seguimos adelante con nuestros quehaceres y cuando la ocasión lo amerita, se hace presente en nuestras vidas. Así de sencillo.
Si me hubiese marchado de BA no hubiera conocido a Bruja Maldada. Sí, es cierto que Martín me la presentó un mes antes de irse, pero ella empezó a relatar sus historias y a dar a conocer a sus personajes un año después. Nuestra amistad ha traspasado fronteras y el amor que sentimos la una por la otra nunca hubiese sido tan profundo de haber abandonado Argentina.
Martín tenía un plan armado. Era muy listo. Lo había preparado para que no me sintiera sola, para que no me derrumbara, para que siguiera sonriendo a pesar de no verlo a diario.
Su primera jugada fue conseguir que me anotara en el equipo de fútbol femenino de un colegio que lleva su nombre. Eso hizo que conociera a mujeres fuertes, valientes, luchadoras, mujeres que me enseñaron lo que significaba la amistad de una manera muy distinta a como yo la conocía.
Ese fue el punto de partida. A raíz de ahí, llegaron a mi vida otras personas que sin conocerme me brindaron su apoyo, su compañía, su tiempo para escuchar mi dolor, me regalaron su silencio y su comprensión en mi forma de actuar, sin intentar entenderme.
En Buenos Aires definí mi vocación como escritora. Una profesión que no estaba en mis planes desarrollar y que, sin embargo, me ha hecho conocer a personas maravillosas, que me sostienen en la distancia para que no deje de escribir.
La ausencia de Martín nos sacó de una casa en la que nunca quisimos vivir. Eso también lo tenía pactado con el de arriba. Nos guio hasta un hogar lleno de luz, con una terraza inmensa donde encontré un olivo. Esa fue la señal. El árbol de la paz y la reconciliación. No iba a ser fácil seguir adelante con el peso que llevaba, pero tocaba ser fuerte. No estaba sola.
Buenos Aires se ha convertido en mi segundo hogar porque hay una estrella que brilla con luz propia, que me acompaña en todo momento. Está ubicada en la intersección de dos avenidas: Del Libertador y Sarmiento, cerca del Monumento de los Españoles.
No es casualidad que la vida me haya traído a este país.
Argentina siempre tendrá una parte de mi corazón y yo, una parte del suyo.




Tengo una duda, bruja Maldada sos vos con un seudónimo o es alguien que conoces?
Exelente!!