23 F
Mi querido lector:
Un 23 de febrero de 1837 nació en España, Rosalía de Castro. Fue considerada una de las grandes poetas de la literatura española del siglo XIX y, junto a Gustavo Adolfo Bécquer, una de las precursoras de la poesía española moderna.
“No subas tan alto, pensamiento loco, que el que más alto sube más hondo cae”. Rosalía de Castro.
Un 23 de febrero de 1920 nació en Buenos aires, Aurora Bernárdez, escritora y traductora argentina. La viuda de Julio Cortázar, la mujer que lo impulsó a escribir Rayuela, la que siguió siendo su amiga después de que se separaran, la que estuvo junto a él en su lecho de muerte y la que se convirtió en su albacea literaria, guardiana de toda su obra.
“Creo que siempre tuve una vocación de oscuridad y secreto”. Aurora Bernárdez.
Un 23 de febrero de 1987 nací yo. Elisa Díaz. En Ciudad Real, un lugar de La Mancha en el que un hidalgo y su fiel escudero viajaban en busca de aventuras. Y quizá, sin darme cuenta, es a lo que me he dedicado estos últimos años: a vivir en cuatro países distintos y a ser madre de hijos con doble nacionalidad. Pero ni ser española ni vivir en Buenos Aires ni nacer el mismo día que Rosalía y Aurora me acercan a lo que ellas significaron. Mujeres referentes que ejercían la profesión de la cuál yo estoy enamorada.
Mi vida es bien distinta. Solo soy madre y un poco escritora. ¿Es esa una buena combinación?
A las madres no nos pagan. No es una profesión reconocida socialmente. Se da por hecho que una la elige, porque nos encanta no dormir por las noches, trabajar veinticuatro horas al día, estar enfadada prácticamente desde que amanece hasta que se pone el sol, ir hecha un desastre y no cobrar ni un duro. ¿Qué importancia tiene crear una vida comparado con ser directivo en una empresa? Es un tema que debato con mi marido muy a menudo. ¿Quién me va a contratar después de doce años fuera del mundo laboral? ¿Qué contesto cuando me pregunten a qué me he dedicado en la última década? Viajar de país en país criando niños, no es una respuesta. Quizá si les digo que soy Managing Director (MD) de una empresa privada la cosa funcione. Al fin y al cabo, las madres gestionamos y supervisamos todas esas áreas que sostienen a las compañías, ¿no? Finanzas, operaciones, recursos humanos, legales… Estoy segura de que más de uno me echaría tierra encima si pudiera, jajajajaja, además de decirme que una cosa no tiene nada que ver con la otra, que montar una empresa y hacer que funcione no es lo mismo que ser madre de una familia, porque la responsabilidad no es comparable. No podría estar más de acuerdo.
Luego está lo de ser escritora. Esa sí que es buena. Me lo he adjudicado yo sola. Sin pedir permiso. No soy periodista ni licenciada en filología hispánica ni en literatura ni en nada que se le parezca. Tampoco trabajo en una editorial y mucho menos he publicado un libro. Sin embargo, leo, estudio y escribo desde hace seis o siete años como si alguien me pagara por hacerlo, y todos los días cuando los niños se marchan al colegio, me tomo esas tareas como si fueran mi verdadero trabajo. Me siento en el despacho y cumplo un horario. Los fines de semana hago horas extra. Bruja Maldada me ayuda a que no me rinda. Casi todo es obra suya, excepto estas cartas personales que he empezado a escribirte.
Más de uno cree que solo leo y vivo la vida. Debe ser por las recomendaciones de libros que publico en Instagram. No concibo escribir sin leer. Los libros provocan que mi mente, mis oídos y mis ojos estén atentos a la aparición de esos personajes que me visitan para contarme su historia. Abrir un libro es adentrarse en la vida íntima de otra persona. Una que alguien ha creado para nosotros. Y en ocasiones, llegamos a conocer tan profundamente a ese “ser humano” que vivimos su realidad como si fuese parte de la nuestra.
Por eso, varias veces me pregunto si ser madre y escritora son una buena combinación.
Me atrevo a decir que sí. Ya no puedo separar la una de la otra, van de la mano, y eso hace que me sienta más completa.
Crear una historia a partir de una palabra, una idea o algo mínimo es similar al hecho de quedarte embarazada. Algo muy pequeño comienza a crecer dentro de ti. Empiezas a estar en vela, preocupada, llena de incertidumbre, sin saber qué pasará y si todo saldrá bien. Igual que con la vida de un personaje. Dedicas horas a estar sentada frente al papel, unas veces entusiasmada porque todo fluye, otras casi llorando porque no encuentras las palabras adecuadas para expresar lo que el personaje quiere transmitirle al lector. Te sientes frustrada por no haber anotado esa frase que te vino a la cabeza mientras planchabas. La misma frustración que te invade cuando los niños corretean por la casa y tú intentas calmarlos.
Entonces, me vienen a la mente: Agatha Christie, Alice Munro, Maggie O’Farrell, Toni Morrison, Clarice Lispector, Lucia Berlin, Shirley Jackson, Margaret Atwood y muchas otras, que fueron madres y escritoras al mismo tiempo. Sin rendirse, sin perder el ánimo, centradas en ambas tareas.
Así que mañana, cuando sople las velas, daré las gracias por la vida que me ha tocado vivir y por las oportunidades que me han brindado para estar donde estoy.
“En los momentos más frágiles de tu vida, en aquellos instantes en los que una parte de ti se quiebra, sucede el milagro”. Elisa Díaz




Un 23 de febrero de 1943 nació mi madre, directora de una orquesta/empresa de 8 hijos únicos (lo de únicos lo dice ella), una profesión poco reconocida (si al menos se nos reconociera una pensión). Me identifico con todo lo que dices. Dejé de trabajar por asuntos de hijos (y algo más) y empecé a escribir en abierto, no solo para mí. Con hijos con doble nacionalidad también. Soy mayor que tú y los silencios tras enviar solicitudes de trabajo (cuando decidií que ya podía volver) o respuestas mencionando mi tiempo «fuera del mercado», se sucedían dia tras dia. Ahora he conseguido dos trabajos en los que no les ha importado ni mi edad ni el tiempo que he estado en casa. De hehco, trabajo a distancia y en el horario que yo quiero. Ideal. Da la sensación de que no salir a trabajar a un lugar fuera de tu casa es no hacer nada. Peor para los que no lo valoren, no saben a la persona tan eficiente que se pierden. FELIZ CUMPLEAÑOS. Y sí, eres escritora. Celébralo también.
También yo escribo desde que aprendí a hacerlo, pero me cuesta llamarme escritora, poeta no tanto y es lo que soy, escriba o no. Y, el anotador con su lapicera en la cocina, me salvo y salvo a mis hijos y pude ser su madre y no una loca de pelos sin control. Escribir es Brujita, la marmita donde las brujas transformamos la vida, el pedazo de vida que nos toca en suerte.